sábado, febrero 26, 2011

Proyecto Nautilus / 18


la tarde sobre el paraná de las palmas


Ahora que Nautilus tiene una canción, no dejo de escucharla. Alejandro supo ver la poesía escondida en esta bitácora y abrió un nuevo camino de sirga entre la maleza.

Hoy me costó levantarme y aplacé el viaje para el fin de semana próximo. Le escribí un mensaje a Fede diciendo que no me sentía bien y me dijo "qué lechuguita", siempre me dice esas cosas. 
Más tarde me llamó Ricardo para felicitarme por el muelle, "ahora voy a probarlo" dijo y también  "Te esperábamos hoy, me dijo Vilma que estabas con gripe, mejorate y veni a estrenar tu muelle"

la vida
ese paso de baile misterioso
la madera nueva, los vecinos
aquellos que leen y cruzan conmigo 
el paraná de las palmas





Proyecto Nautilus / 17





Mi querido amigo Alejandro Dinamarca compuso esta canción para Nautilus.
Llega hoy, que decidí quedarme y entonces el río viene a mí.
Un pequeño tesoro perfumado de camalotes


Escuchar acá Nautilus

o

Nautilus / Alejandro Dinamarca

Voy a plantar un sauce
y cuando crezca
voy a sentarme
todos los días bajo su sombra
a ver el río

Voy a construir un muelle
es casi como tender un puente
y desde allí mirar la casa
oyendo el río

un sauce
un muelle
un puente
y el río

el río susurra viejas canciones
me acuna de una vez y para siempre
primer señal de la metamorfosis
es la sed

crucé tantas tormentas siempre en viaje
entre la gran ciudad cierro los ojos
me espera un universo de agua dulce
seré un gran pez

susurro
canciones
tormentas
y el río

ayer vertí cenizas
cenizas eran las de mi padre
y cumplir su último deseo
es ser ser río

cuerpo cedido al agua
a las abejas 
su rumor sordo 
eternidad de camalotes
besando el río

cenizas
deseo
abejas
y el río

un sauce
un muelle 
un puente 
y el río

susurro
canciones
tormentas
y el río

lunes, febrero 21, 2011

Proyecto Nautilus / 16



Espero noticias del muelle. Mientras tanto la ciudad respira lenta con sol de mediodía. Banderines y puestos de choripan cortando la avenida. El humo empaña las lentejuelas y el resplandor de los platillos.
Vuelvo a la sombra reparadora de la casa. Intento dormir con ruido de vecinos que pelean por un programa de televisión. No sé qué es la televisión, no quiero saberlo.
Observo los rostros de las personas que cruzo y nadie sonríe. Tal vez tampoco yo esté sonriendo.
Sólo quiero sentarme en el muelle con los pies en el agua. Pienso en eso. Sonrío.

domingo, febrero 20, 2011

Proyecto Nautilus / 15





padre colgaba el mosquitero de algodón rosado bajo las casuarinas

tienda de sultana para leer a verne o lacrimógenas novelas de huérfanas finalmente felices

pablo amenazaba con arañas trepadas a la punta del machete

el tul rosado era mi fortaleza contra hermanos e insectos

dos o tres balanceos alejaban sus gritos

y las palabras corrían río abajo

lunes, febrero 14, 2011

Proyecto Nautilus / 14

Les había prometido a Vilma y Rubén una visita así que el sábado fui huésped en Las Tortugas. Vimos fotos de los nietos, recorrimos el jardín y el taller en donde Vilma hace arreglos con flores secas.

el taller de Vilma

el jardín de Las Tortugas
Rubén


Cenamos en el comedor pizza casera y helado de limón con champagne. Toda una fiesta.
Acordamos que al otro día me llevarían a conocer a Guillermina, la bibliotecaria.
En canal Encuentro pasaban un documental sobre Macedonio. Ruben que estuvo moviendo piedras de la estacada toda la tarde, se fue a acostar.

Amaneció nublado. Ruben que siempre se levanta primero que nadie se quedó un poco dolorido en la cama. Vilma y yo desayunamos en la galería con dulce de ciruelas de la última temporada.

la casa del alemán en la que hoy viven Mariana y su familia

La ventana de la panadería abandonada en 1989

Luego salí a caminar, a reencontrarme con esos viejos paseos a machete por la costa hasta el Estudiantito...la casa del alemán, la panadería abandonada, la escalera de mosaicos en la casa de los Gómez...

jugando a Blancanieves en la escalera de los Gómez en 1989
Al mediodía llegó Federico para llevarnos al Arroyo Felicaria. Allí conocería a Guillermina y la increíble historia de Genoveva y Absalón Rojas, la biblioteca Santa Genoveva y el proyecto de la Bibliolancha.
Es la nueva vecina, dice Vilma...bah, nueva no, es la vecina que vuelve.


Y tiene razón. La isla recibe mis pequeñas ofrendas. Guillermina se entusiasma con la posibilidad de llevar el Festival de Poesía a las escuelas de isla, Federico como quien no quiere la cosa, empezó a escuchar a Gabo Ferro...
vamos desembarcando...



Proyecto Nautilus / 13






limpiar
lijar la madera
llegar a las primeras vetas
renacer lleva tiempo
paciencia
y muchísimo amor

Proyecto nautilus / 12



Federico me esperaba en su muelle con el mate listo. Del mío aún ni noticia aunque ya están los palos sobre la costa y Don Carlos espera la bajante.
Si te animás desmalezamos un poco y podés pintar el cartel de la casa. Hay que lijar la madera y reponer las patas.
Cruzamos en la canoa amarilla que ni sé cómo se sostiene a flote sobre el agua. Voy aprendiendo estas cuestiones del equilibrio; pisar en el medio, no sostenerse y dejarse llevar por los movimientos del agua
Todo lo que se pone rígido se quiebra o se hunde. Lo mismo dicen las runas.



Tierra amarilla y parvas de lirios, rosas salvajes y ligustros ya cortados.

Cuando se seque todo vendrá el fuego.

Ahora nos internamos en el monte. El corta y yo apilo las ramas.
Conversamos de la fábrica, de los maltratos, de un jefe de área que lo perseguía.
Esto es otra vida dice y sonríe.

Proyecto Nautilus / 11



En el relato mítico familiar está el bote para doce personas y mi abuelo de traje cayéndose al agua. Exageraciones de Negri pensé siempre pero no; ayer encontré una fotografía en la que el abuelo está amarrando mientras todas las mujeres de la familia se aprestan a desembarcar.
Su madre, su esposa, su increíble cantidad de cuñadas.
Ay mi abuelo! qué paciencia entre tanto mujererío regordete y mandón.



En la otra foto están todos en el río, los hombres de malla entera, las mujeres más cubiertas que desnudas, el agua a la cintura. ¿sería tan bajo el río? ¿el tiempo del canal hecho a pala del que hablaban los viejos isleños?
Hermoso el abuelo con su gomina y sus ojos claros, sus manos de gigante como en el poema de Hikmet.

Todo ese cuerpo que nunca se sabe bien donde poner en el mundo. La raza de los gigantes

Proyecto Nautilus / Día Diez

Tren a Tigre

Sentada en el furgón den tren entre obreros que van dormidos a trabajar soy la única mujer del vagón y el único que va despierto me sonríe cuando saco el cuaderno a lunares -"jipiii" diría mi vecino Federico-
Amanece y hay un resplandor dorado bajo las nubes.
Miro los modelos de cabañas que me mandó Ricardo.
Aún no hablé de Ricardo. Es el vecino de al lado, del muelle María Luz, no vive en la isla pero va a pescar con su hijo y sus nietos. Fue el primero en acercarse a saludar y a ofrecer su ayuda.



Recién estamos en Olivos. Bostezo. Creo que me vendrá muy bien una larga siesta en el muelle.

martes, febrero 08, 2011

Proyecto Nautilus / Día Nueve


Ese invierno fuimos con Ana y Tommy a festejar mi cumpleaños número 16.
Tres no será jamás un buen número de viaje.
Me quedé sin novio y sin amiga y algo de la inocencia se quebró.
Recuerdo que les pedí que se fueran y me quedé sola en la isla.
Ese atardecer el río susurró viejísimas canciones que llegaban con el rumor de las madereras y entre las ramas del sauce.

Le debo a ella algunas de mis mejores fotografías de esa época. A él no le debo nada. A ambos se los tragó el tiempo, la herrumbre de la memoria.
Pero el río...

El río me acunó para siempre.

lunes, febrero 07, 2011

Proyecto Nautilus: Día Ocho

en el viejo muelle de la isla el invierno que cumplí 16

En una de las escenas finales de Big Fish el padre cumple su sueño en el relato del hijo.

La primera señal de la metamorfosis es la sed.

Crucé mares y tormentas, siempre de viaje y siempre de prisa.

En medio de la ciudad cierro los ojos.

Un universo de agua dulce me espera.
Seré un gran pez.

domingo, febrero 06, 2011

Proyecto Nautilus / Día Siete



Recupero la memoria de mi infancia isleña. Los bailes en el club Felicaria, el chivo que Gómez tenía atado en el muelle y había que correr lejos del alcance de su soga o amenazarlo con el machete.
La memoria de la isla es permanente como el agua, todo lo que sucedió sigue sucediendo siempre en boca de los vecinos.
Recordaré este verano como "el verano del mal del sauce"
¿cuántos libros leí de niña allá enfrente bajo el mosquitero de algodón colgado entre las casuarinas?
Dumas, Verne, Salgari; selva adentro y afuera, la abuela llamándonos a comer.
¿y el olor a aceite de lino? ¿a madera nueva?

Voy a plantar un sauce.
Cuando crezca me sentaré bajo su sombra todos los días a mirar el río porque no quiero curarme.

Proyecto Nautilus / Día Seis




Miro desde la orilla de enfrente a Ruben limpiar su muelle, lo oigo conversar con su mujer, pedirle cosas.
¿Así sería mi viejo ahora? ¿Usaría una camisa de colores fuertes y hablaría a los gritos? Tal vez sí.
Sé que pasaríamos horas en silencio mirando el agua y que seguiría contando los mismos chistes, las mismas grandes historias que adquirirían proporciones fantásticas con  los años.




Hoy compramos las maderas para el muelle, el primer paso. Cruzar a Alberto, a Claudia y a Moro, esta vez en el Río Capitán sólo puede ser un guiño de los dioses.
Construir un muelle es tender un puente, mirar la casa, las hortensias, los años de silencio.
Aquí estoy viejo, vengo a terminar lo que soñabas, a vivir en tu orilla.

jueves, febrero 03, 2011

Proyecto Nautilus / Día Cinco



Pasé la mañana en el muelle, leyendo y tomando mate. Día de Iemanjá. Repasé los años anteriores...Montevideo, Bahía, la isla de Chiloé...y otros más humildes Zárate y hasta los lagos de Palermo alquilando un botecito con el Runa.
Pero ahora estaba acá. En las aguas que son parte de mí.

La eternidad es ahora dice Berger

Al mediodía vino Federico y almorzamos. Ya hablé con Don Carlos por tu muelle. Te lo voy a dibujar.



Nos entusiasmamos, Juan mide las tablas, Federico hace un cálculo de materiales. Quedamos en ir a comprarlos el fin de semana.
Después del almuerzo nos lleva a conocer el muelle que le están construyendo al vecino. En el camino nos habla de los yuyos medicinales y plantas que crecen por ahí. 
Nos muestra una plantita de mimosa; se parece al aromo pero pliega sus hojas en contacto con los dedos.
A Juan le interesan las maderas para sus runas, entonces Fede le va cortando ramas de fresno, de amarillo, de casuarina.

A las tres pasará Don Carlos a buscarlo para la jornada de la tarde. Ya es hora de volver a la otra orilla.

Volvemos a Nautilus. El mínimo atracadero está disponible ahora con la bajante. Escribo mis agradecimientos mientras Juan prepara el barquito que llevará las ofrendas.

Y se va




rumbo al Paraná de las Palmas con nuestros agradecimientos y nuestras esperanzas.
Luego volvemos a Las Tortugas. Nos esperan Vilma y Rubén con el mate y su jardín que es un pequeño paraíso. Charlamos, observamos a los colibríes. El Canal Estudiante se hizo a pala, dice Vilma. Y abre una nueva historia fascinante. Eso contaba la mamá de Tita, que murió el año pasado. 

Ya se escucha el ruido de la lancha pasando la curva del río. Nos despedimos en el muelle.
La próxima crecida les toca a ustedes les digo. Y dos pares de ojos clarísimos sonríen con el mate en la mano.





Proyecto Nautilus / Día Cuatro

"se vino fuerte, zarpada el agua, a esta tierra mía" /Gabo

Desembarcamos en Las Tortugas y esta vez el recibimiento de las islas fue la cara de alegría y sorpresa de Rubén al vernos bajar de la Interisleña.
Para Juan Cruz era la primera vez.
Limpiamos un poco de terreno entre las casuarinas e instalamos el campamento.


Contábamos con agua y comida para dos días, unas velas, unos espirales, libros, runas y no mucho más.
El río estaba crecido, las abejas inmutables en el panal dentro de la casa y nosotros a prudente distancia.



Siesta. El agua sigue subiendo, no hay más sonido que el viento entre los álamos y algún insecto zumbador.
El abuelo decía que en la inundación del 56 habían salido nadando por las ventanas.
Viene de lejos el don de contar historias.

Me despertó el oleaje de la última lancha colectiva que ganó espacio entre las casuarinas y llegó a la carpa.
Pusimos en alto todo lo que pudimos. El agua nos rodeaba y amenzaba con apagar nuestro pequeño fueguito.
Si sube un poco más nos dijimos, hay que llamar a Rubén.
No hizo falta. Por allá venía el viejo, botas y caña en mano para tantear el terreno sumergido. Y desde enfrente, al mismo tiempo, cruzaba en su canoa Federico.
Las invitaciones fueron simultáneas. Desarmen todo, se vienen para casa. Nos fuimos en la canoa y prometimos unos mates a Rubén para el día siguiente.

Federico es isleño por opción, se vino hace tres años cuando lo echaron de la fábrica, es hábil e inquieto, sabe de maderas, de árboles, de pájaros. Dice que el hombre es el peor de todos los animales. Desde que está en la isla toca en un ensamble de violín y tiene un cuis de mascota que rescató de los dientes de la perra de Tita, la vecina de al lado.
Le gusta hablar. Nos hizo reír un buen rato contándonos anécdotas de mi hermano. El gordo es famoso en la isla. Sus asados hechos a nafta, sus corridas por molestar a las abejas, su imparable máquina de contar chistes.
El entusiasmo de Federico contagia, de trabajar doce horas ahora trabaja seis u ocho desmalezando terrenos, construyendo muelles o poniendo postes de luz. 
Le gusta rescatar cosas del río. Cuando hay bajante, se ven las cosas de ustedes que se cayeron al agua. Ollas, la cocina a querosén, todo eso está ahí en el fondo del río.
Tengo una cuchara tuya, dice. La saqué con el mediomundo.
Cuando tenga mi casa lista me la devolvés, le digo. Y se ríe.



Dormimos en la cabaña que está preparando para cuando vienen visitas. Cansada y feliz me acuerdo de algo que hace mucho le escuché decir a Spinetta; "Dios es el vaso de agua que bebés cuando tenés sed". Hoy, los vecinos y esa  cama tibia y seca son Dios.


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