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miércoles, marzo 17, 2010

feliz cumpleaños olga orozco

Si me puedes mirar

Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio
de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte sólo por no dolernos demasiado.
No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo
en el que roen su rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.
No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.
Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida?
¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.
¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a la muerte.
Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.
Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos
pobres jirones de luto que alimenta.
Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.

miércoles, junio 24, 2009

regalito de Carlos Ardohain!!!


Un San Juan de Leonora Carrington

un regalito de la Rodi!!!






cumpleaños

me gusta cumplir años
festejar el día anterior, el San Juan y el sábado siguiente
descubro recién ahora, mirando esta foto,
esta necesidad de extender los festejos;
durante toda la infancia nos festejaban los cumpleaños
a Pablo y a mí, a la vez,
creo que es una especie de ajuste de cuentas

domingo, junio 21, 2009

pater


Viejo querido

Los chicos están grandes. Pablo hereda inevitablemente tu humor desopilante, la manera de caminar, la costumbre de dormir vestido, en cualquier parte.
La sensibilidad poética creo que le tocó al rubio en el reparto. Y tus ojos claros.
Estamos bien. La familia es algo que nunca terminamos de descubrir adentro.
Hoy nació Sofía, la hija de Nacho. El más chico de todos los primos.
Hace poco estuve con una señora que cuando le dijeron "es la hija de Kuqui", le brillaron los ojos. Seguro que fue novia tuya. Sigue siendo linda pero no tanto como Rosa, eso seguro.
Se me dio nomás por la literatura. Menos mal que nunca te importó que no sirva para nada. Te seguirías riendo si supieras que te escribo una carta que leerán un montón de desconocidos y vos no. O quien sabe. Tal vez estás acá, sobre mis hombros,y en cualquier momento sienta ganas de prepararme un té con limón como a vos te gustaba, con bombilla y en jarrito. O sienta un deseo irresistible de verme una peli de Chaplin o de cantar Luna Tucumana, pero eso es más bien improbable a la una de la mañana y con la casa a oscuras.
Escribo sobre tu abuelo en estos días. No sé por qué. Me gusta inventarle la vida a ese señor del que sólo se que fue maquinista en Empalme Lobos, y se casó con una chica de 14, y era anarquista. Será la sangre.
Los demás?. Bien, supongo. A tus dos hijos se les dio por los fierros. Chevrolet por supuesto, nunca Ford. El gordo está más tranquilo, dicen. Hasta la rebeldía se cura con la edad y ya cumplió los cuarenta.
Sabés? Ahora la que regala bocaditos de menta soy yo, y casi sin darme cuenta hago el mismo firulete con el papel metalizado, y cuando puedo lo cuelo en los bolsillos de algún desconocido, por puro capricho, para tender ese puente que nos une.

nos estamos viendo
siempre

marisa

domingo, febrero 03, 2008

Día de Iemanjá en Buenos Aires

mi barquito de papel
agua va
entre pétalos y nubes

jueves, septiembre 06, 2007

Día del Circo

Vaya mi saludo a mis amigos cirqueros taaaantos
Pasen por el Circo de Papel
y besitos a Juan del Río de mi parte
léanse un poema de Juancito Caminador

cuando era chiquita me quería ir con un circo
y ser cantante

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en casa de olga (toay)