pequeños actos : aprender el adiós re generarse abrazar colores caminar en un pie acompañarse la risa las miradas brillantes las ofrendas la vida nueva
“entonces le llegó una hechicera que se llamaba Groa, esposa de Aurvándil el atrevido y estuvo cantándole sus ensalmos a Tor hasta que la piedra quedó suelta” skáldskaparmál 17, snorri stúrluson
I
su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche
II sordina al oficio de los reznos esponja embebida en alcohol centelleo blanco salas de espera y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas
III quise ser tu doble la exacta copia de tu elegancia miss simpatía 1956 no hubo vals de quince no vestido blanco luna de miel no fui eficiente ni prolija ni sociable barby le puso lentejuelas a tu chal de seda tu nombre a sus muñecas para equilibrar el mundo
El corazón piensa constantemente. Esto no puede cambiarse. Empero, los movimientos del corazón, vale decir, los pensamientos, han de limitarse a la situación actual de la vida. Todo pensar que trasciende el momento dado tan sólo hiere el corazón" Hexagrama 52- El aquietamiento
una mañanita san telmo y la música que va acompasando pie sobre empedrado tibio olor a café a panadería a ruido de almacenes y charlas de esquina voy contenta casi voy sin pisar demasiado te veo aún de revés en plena calle semáforo rojo y una señora que mira con cara de asco a la chica que junta porquerías del suelo brillás nuevita resplandecés entre tapas de cerveza y papeles mugrientos te llevo conmigo me sonrío a un gato que sigue atento la escena y la tierra gira gira gira sol adentro
dos
brindar/se jazmín que perfuma una casa sola
espiar/nos con algo de infancia ring raje cartas con corazones palabras yendoviniendo con/movidas detenidas
Eu falo de amor à vida, Você de medo da morte. Eu falo da força do acaso E você de azar ou sorte.
Eu ando num labirinto E você numa estrada em linha reta. Te chamo pra festa, Mas você só quer atingir sua meta. Sua meta é a seta no alvo, Mas o alvo, na certa, não te espera.
Eu olho pro infinito E você de óculos escuros. Eu digo: "Te amo!" E você só acredita quando eu juro.
Eu lanço minha alma no espaço, Você pisa os pés na terra. Eu experimento o futuro E você só lamenta não ser o que era. E o que era? Era a seta no alvo, Mas o alvo, na certa, não te espera.
Eu grito por liberdade, Você deixa a porta se fechar. Eu quero saber a verdade E você se preocupa em não se machucar.
Eu corro todos os riscos, Você diz que não tem mais vontade. Eu me ofereco inteiro E vocë se satisfaz com metade
É a meta de uma seta no alvo, Mas o alvo, na certa não te espera!
Então me diz qual é a graça De já saber o fim da estrada, Quando se parte rumo ao nada?
Sempre a meta de uma seta no alvo, Mas o alvo, na certa, não te espera.
Então me diz qual é a graça De já saber o fim da estrada, Quando se parte rumo ao nada?
reverso/costura etiqueta que raspa detrás de la nuca resbalar sobre el territorio enmohecido de la caverna y por fin el sol mañana tibia de leprosario desinfectar agua agua agua inundarse lloverse anegar las pústulas ardientes vendajes desligados en el derrotero hacia el estuario
la marea roja detonó en mi cuerpo sacudió tanta tierra adormecida clavó sus uñas en el ojo insaciable arrastró mis pedazos la moneda cayó en la oscuridad
fui lumbre en un entierro llorona mal paga en máscara de lluvia fui soledad puro silencio fértil tentempié y despojos fiera herida por el rayo del deseo
voy regresando estaciones y caminos polvorientos reciben estos huesos roídos las camas de los hoteles con ese floreado insoportable la pegajosa humedad de un fulgor que no fue tumba noche tapizada de ronquidos de fantasmas conocidos que escoltan el derrumbe
si un vómito gris me vaciara si escribiera hasta encontrar el verbo -esos líquidos viscosos en donde el viejo limpiaba sus herramientas-
si pudiera pronunciar mi testamento
aguarrás sobre cada soga amarrada a tu mirada triste la carne rota a los gusanos el dolor a la copla que promete nacerme
cuerpo menguante luna negra de los sacrificios en el otro mundo soy la princesa del cuento me rinden honores entre estatuas de alabastro una campanada de sol abre las puertas del templo no tengo sed sólo jardines prolijos que bordean la muerte no tengo amantes sólo innúmeras estancias con cerrojo y la arena que se escurre en el reloj es en esta orilla donde mi carne es real un largo lienzo anudado cayendo al precipicio y en cada nudo una ausencia en cada tramo un salto mortal me vuelve prisionera del aire eco del otro tiempo balbuceo estéril cántaro quebrado a los pies de la fuente
Hay un antiguo tapiz que relata las hazañas de Sigurdr, de cómo éste asesinó a la serpiente y se hizo sabio y famoso entre los nórdicos. Cuenta la leyenda que ese tapiz fue bordado con hilos de oro por Brynhildr, la más bella y mañosa de las valquirias, la que tenía el don de leer los sueños y aún así no pudo evitar su trágico destino. El primer encuentro se produjo después. Sigurdr cabalgaba con sus hombres por el bosque cuando su halcón favorito voló hacia una torre y se posó junto a una ventana. Sigurdr subió por su halcón y vio a Brynhildr bordando los últimos hilos de la historia. Ante sus ojos todas las mujeres de su vida fueron una, sin edad, que vendría a buscarlo al final de sus días. Luego regresó con sus hombres y ya no quiso estar en compañía de nadie. Ellos le dijeron: “No pretendas lo que no puedas alcanzar, ella jamás ha sido de hombre alguno, prefiere librar batallas y colmarse de gloria” Pero Sigurdr insistió y no descansó hasta encontrarse a solas con Brynhildr y prometerle casamiento jurándole que jamás se casaría con otra y ofreciéndole su anillo para cerrar el pacto. Ella había visto en sueños que otro era su destino; Sigurdr bebería un filtro para el olvido y se casaría con Gudrún pero asumiendo lo inevitable selló el pacto colocándose el anillo.
llegar junto al tren de carga a la terminal las siluetas de los árboles penumbrean entre tanto silencio el sol que muere tras las vías un viento verde las pequeñas hojas que ruedan sobre el pasto seco
Todo era semilla en la noche silencio de tumba eco de una voz sola que intentaba despertar Por momentos el fuego era sólo una pequeñísima chispa casi invisible (la barca de las sombras urdía otros destinos) El hombre se amarró al árbol y pidió ayuda. Tuvo sed y sus dedos fueron cascos que retumbaron bajo la luna. Galopó hasta el mar. La Madre de los Peces veló su sueño y al despertar ella, la recién nacida, le servía el alimento necesario. Era mediodía. El sol alto. Y desplegó sus alas.
en el corazón del mar un pez blanco un cofre que encierra el alma de los gigantes sólo una vez en un día secreto revela el centro del laberinto la semilla de nieve amancay florecido en la piedra
soledad de semilla hundida en el silencio árido replegada en la penumbra de un lugar al que no pertenezco extranjera recuento las cicatrices de cada sombra el invisible zurcido de mi único nombre
mi casa es el tajo incandescente de la angustia la palabra no dicha el umbral en donde no puede hacerse otra cosa que esperar
la espera muda crepitando el cuerpo entumecido transito el caos el universo oscuro innominado
la madrugada cierne su rocío ante el círculo de fuego tajos sobre el insomnio aullido seco de quien reúne las preguntas de la soledad
cómo no insistir en esa fe desmesurada de la niña que reza en cada túmulo mientras su madre asea frenética el blanco rostro de la muerte los bronces familiares cuelgan en racimos dorados y es una placa más la que nunca llegó y duerme entre las hortensias que bordean el río paraná
cada pequeña es mi cuerpo cenizas del futuro la tierra fértil de todo desencuentro con mis propias manos entierro la semilla ígnea trazo un manto de lluvia sobre el campo sembrado muda sombra rueda que me rueda sobre el eje del mundo