martes, junio 14, 2011

Proyecto Nautilus / 58




las últimas lanchas desde el muelle
la luna y yo
li po abrazado a su reflejo

lunes, junio 13, 2011

Proyecto Nautilus / 57


    Fuimos con Rosa y mis hermanos a dejar las cenizas de mi padre en Nautilus. Era verano y elegimos un lugar frente al río bajo las hortensias para armar un improvisado picnic.
 Ellos vivían en Merlo y yo en Zárate, no solíamos vernos seguido.
 Pero el muerto nos reunía, éramos su huella en el mundo; la manera de caminar del menor, la insuperable destreza verbal del más grande, mi amor por los viajes.
Tal vez fuera el 2001 porque recuerdo que la pequeña urna estaba anclada en mi casa y todo se había vuelto oscuro y pesado. No escribía, los amigos no frecuentaban la casa y había perdido completamente el interés por el mundo.
Ese día algo se desprendió. 


Me llevé el viejo cartel de la casa.
Nunca tuvo un lugar privilegiado, estuvo ahí, en cada uno de los sitios en los que viví durante diez años, apoyado en algún rincón detrás del ropero o junto al mueble de la cocina.
Una presencia muda, el cartel y la casa del río, pertenecía a otra vida, a un tiempo mítico en el que mi padre pescaba dorados en el Bajo del Temor y el abuelo hacía por error el mate con jugo de ananá y resultaba el más exquisito del mundo.


Pero en la mañana del viernes mientras esperaba el primer flete a la isla que llevaría la cocina y una pequeña biblioteca para la nueva casa de una sola pared, la vi.
Apolillada, con restos de musgo y un extremo astillado la madera estaba ahí.
Sentí su viva altura de sobreviviente. Su compañía silenciosa. Su testimonio.


Ahora vive junto a las casuarinas, recibe en el muelle a los recienvenidos.
He vuelto a casa.

jueves, junio 09, 2011

Proyecto Nautilus / 56











en las noches el río es un espejo que lleva peces dormidos
y la tierra duplica el paisaje más allá de los muelles

el silencio vela el paso de la barca











miércoles, junio 08, 2011

los que cantan




La isla de los muertos - Arnold Böcklin




Son un incordio los niños de la fiebre
cantan
mientras van hacia la muerte







domingo, junio 05, 2011

Proyecto Nautilus /55



Pasamos con Juan dos días clavando madera
Me duelen músculos que no sabía que existían
tengo un cuerpo nuevo

Los ángeles asisten al crecimiento de la casa
manos amigas lijan puertas, preparan tisanas
o aquí en la ciudad trabajan por mí
me cuidan la sombra

Hoy plantamos dos ciruelos
la próxima temporada veremos
sus frutos brillantes
desde la ventana

sábado, mayo 28, 2011

somos niños


al viento el corazón de papel

jueves, mayo 26, 2011

Proyecto Nautilus / 54






había buscado un monte claro
la amable sombra de las casuarinas

y el río bajando entre los juncos

no te esperaba

los mejores peces nunca se dejan atrapar
dijo la bruja a edward bloom

no aprendí nada

-una escama brilla y no brilla sobre el fuego-

miércoles, mayo 25, 2011

Proyecto Nautilus / 53



todo se hace claro en la lluvia
las ramas dibujan runas en el aire
abren el monte a lo que vendrá

domingo, mayo 22, 2011

Proyecto Nautilus / 52



hoy encontré bajo la casa
los cabezales de la cama
de mi habitación de la isla


he pasado la vida en esa tarea
acarrear restos del naufragio
limpiar barro, moho

allí donde el agua no pueda
encenderemos un fuego

Proyecto Nautilus / 51

sábado, mayo 21, 2011

Proyecto Nautilus / 50


en un claro la casa
trepan los ligustros buscando el sol
el álamo extranjero se mantiene derecho
se burla del monte blanco

los pájaros carpinteros miden la distancia con nosotros
también extranjeros

pero me empecino en martillar un clavo espiralado de cuatro pulgadas
toc toc toc

rudimentario ejercicio
que nos acerca

viernes, mayo 20, 2011

el que rema



Soy el Barquero
vivo de llevar y traer sobre las aguas
los días se repiten desde que tengo memoria
en esta barca que fue de mi padre
y del padre de su padre

vivo de mirar

al alba limpio la canoa
ordeno sus aparejos
los embarcados ya no pagan la travesía con monedas
dejan un sobretodo descosido
un diente de oro

mi reino es el agua y el oficio inhumano
toda orilla me está vedada.

jueves, mayo 19, 2011

Proyecto Nautilus / 49


lijo una puerta centenaria
que fue verde
y antes roja
y antes azul

cuando levanto la cabeza
el río
las casuarinas
el viento sobre la cara

con el sol adentro
espero en el muelle
la lancha almacenera

lunes, mayo 16, 2011

Proyecto Nautilus / 48


somos nadie en la isla

sube el agua y arrasa  los frutales
ahoga gallinas, pudre la madera
la niebla traga botes y lanchas

enloquece la sudestada

vanidad de conquista
el río no tiene nombre
nemo somos todos

Proyecto Nautilus / 47


La crecida dejó la tierra pantanosa y las maderas recién compradas verdes de moho.
Fue un momento difícil. La realidad lejos de las expectativas. La impotencia. La sensación de soledad.
Nadie levantará mi casa por mí.

Nautilus requiere amor y paciencia.
Y volver a empezar
Y volver a empezar las veces que sea necesario

El domingo amanecí mejor
Marianita cuidó de mi con amor de madre, alimentó el fuego, cocinó, aportó su conversación amiga y su compañía tenaz.

Agua y lavandina sobre la madera y a secar en la sombra.
Cuando los clavos se tuercen se los golpea de costado. Suavidad y firmeza.

Cuando crezca seré carpintero.

martes, abril 26, 2011

Proyecto Nautilus / 45


la casa se fue al río habitación por habitación
lo que fue madera es astilla o ceniza en el barro
la corriente se llevó implacable cada gesto
el mantel a cuadros las partidas de truco

un cuaderno de tapas rojas
me salvó del naufragio

sábado, abril 23, 2011

Proyecto Nautilus / 43


la historia se escribe con cuatro palitos que luego serán una casa
mi hermano hachando el monte
los hijos, el fuego
los vecinos, el vino, el buen hablar

las lanchas traen risas y abrazos que pueblan el monte
nautilus se escribe

jueves, abril 21, 2011

Proyecto Nautilus / 42



EL NAUTILUS

El capitán Nemo se levantó. Yo lo seguí. Se abrió una puerta doble practicada en el fondo de la sala y entré en una habitación de igual amplitud que la que acababa de dejar.
Era una biblioteca. Altas estanterías de palisandro negro, con adornos de cobre, soportaban en sus largos anaqueles gran número de libros encuadernados en forma uniforme. Seguían el contorno de la sala y terminaban en la parte inferior en amplios divanes, acolchados,
de cuero color pardo, que ofrecían las más cómodas curvas para el reposo del cuerpo. Livianos pupitres móviles que podían acercarse o alejarse a voluntad, permitían apoyar en ellos el libro durante la lectura. En el centro había una gran mesa cubierta de folletos, entre los cuales se veían algunos periódicos ya viejos. La luz eléctrica inundaba todo el armonioso conjunto y surgía de cuatro globos esmerilados semiocultos entre las volutas del cielo raso. Yo miraba con real admiración aquella sala tan ingeniosamente instalada, sin poder dar crédito a mis propios ojos.
-Capitán Nemo, le dije a mi anfitrión que acababa de arrellanarse en un sofá, he aquí una biblioteca que sería motivo de lustre para más de un palacio de los continentes, y me maravilla pensar que puede
usted llevarla consigo a lo más profundo de los mares.
-¿Dónde se hallaría más soledad, más silencio, señor profesor?, respondió el capitán Nemo. ¿Le brinda a usted su gabinete de trabajo en el Museo un reposo tan completo?
-No, señor, Y he de añadir que es muy pobre en comparación con el suyo. Tiene usted aquí seis o siete mil volúmenes.
-Doce mil, señor Aronnax. Son los únicos vínculos que conservo con la tierra. Pero el mundo terminó para mí el día en que mi Nautilus se sumergió por vez primera.

de 20 mil leguas de Viaje Submarino (Julio Verne)

lunes, abril 11, 2011

Proyecto Nautilus / 41


Nautilus sigue creciendo bajo la protección amorosa de amigos y vecinos. Llegamos el sábado con Adri y Mariana y nos recibió Federico en el muelle. Jornada de trabajo. Mientras clavaba el piso fuimos pasándole un curador a la madera. Las chicas cocinaron y sacaron fotos.
Me gusta cómo se ve el río desde la casa.
Resfriadísima y todo fuimos igual. Infaltables los mates en casa de Vilma.
Con las últimas lanchas se produjo el recambio. Se fueron las chicas y llegaron Ana y Ale. Las carpas armadas y una latita de cerveza oficiaron de comité de bienvenida.
A falta de buenos incendiarios como Juan o Lore...nos quedamos sin fuego. Pero el guiso de verduras de Ale quedó delicioso.
Nos acostamos temprano pero el resfrío no me dejó dormir.
A las cuatro me llevé la bolsa de dormir al muelle. Todo el cielo estrellado entre las casuarinas. El monte y su reflejo caleidoscópico en el agua, la primera luz de la mañana y un vientecito frío fueron mis compañías.

El domingo llegó Roberto y plantamos a Manitas, descubrimos que se puede vivir en un barco, que los panqueques con dulce de leche y coco son una de las siete maravillas del mundo y que con organización y paciencia se puede manejar un bote y llevarlo a buen puerto.

En la última lancha, decorada con luces rojas y con el timón recubierto de piel llegamos a Tigre.

sábado, abril 09, 2011

Proyecto Nautilus / 40


Un cuento de Clarice Lispector me sobresalta con su menuda precisión.


La isla es el jardín salvaje
No se domestica
Ofrece sus perfumes intensos a quien decida correr el riesgo de vivir

lunes, abril 04, 2011

Proyecto Nautilus / 39

camino a merlo



El sueño va tomando forma
fue un domingo de hablar con la familia
de comprar puertas y ventanas
de volver por la calle Rivadavia a Merlo como tantas veces en la infancia

La lluvia vino a bendecirlo todo
buenas noches

domingo, abril 03, 2011

Nautilus y el barco ebrio (Roland Barthes)


El Nautilus y el Capitán Nemo



La obra de Julio Verne (cuyo cincuentenario se ha celebrado recientemente) sería buen objeto para una crítica de estructura. Se trata de una obra con temas; Verne construyó una suerte de cosmogonía cerrada sobre sí misma, que posee sus propias categorías, su tiempo, su espacio, su plenitud e inclusive su principio existencial.

Este principio creo que se encuentra en el gesto continuo del encerramiento. La imaginación del viaje corresponde en Verne a una exploración de lo cerrado; la coincidencia de Verne con la infancia no proviene de una mística banal por la aventura, sino de una felicidad común por lo finito, que puede encontrarse en la pasión infantil por las cabañas y las tiendas de campaña: el sueño existencial de la infancia y de Verne consiste en amurallarse e instalarse. El arquetipo de este sueño es esa novela casi perfecta, La isla misteriosa, donde el hombre-niño reinventa el mundo, lo llena, lo cerca, se encierra dentro de él y corona este esfuerzo enciclopédico con la postura burguesa de la apropiación: pantuflas, pipas y un rincón del hogar, mientras afuera la tormenta, es decir el infinito, se enfurece inútilmente.


Verne fue un maniaco de la plenitud: no cesaba de establecer límites al mundo y de amueblarlo, de llenarlo como si fuera un huevo; su movimiento es exactamente igual al de un enciclopedista del siglo XVIII o de un pintor holandés: el mundo es finito, el mundo está lleno de materiales numerables y contiguos. La única tarea del artista es hacer catálogos, inventarios, perseguir rinconcitos vacíos, para hacer ahí, en apretadas líneas, las creaciones y los instrumentos humanos. Verne pertenece a la progenie de la burguesía progresista: su obra destaca que nada puede escapar al hombre, que el mundo, hasta el más lejano, es como un objeto en su mano y que la propiedad, al fin y al cabo, es sólo un momento dialéctico en el dominio general de la naturaleza. Verne de ninguna manera buscaba ensanchar el mundo por los caminos de la evasión romántica o los planes místicos de infinito. Buscaba permanentemente contraerlo, poblarlo, reducirlo a un espacio conocido y cerrado, que el hombre podría luego habitar confortablemente. El mundo puede eliminar todo de sí mismo; para existir no precisa de nadie más que del hombre.

Más allá de los innumerables recursos de la ciencia, Verne inventó un excelente medio novelesco para que esta apropiación del mundo resultara deslumbrante: interactuar el espacio y el tiempo, conjugar incesantemente ambas categorías, arriesgarlas a una misma jugada de dados o a un mismo movimiento de cabeza y siempre tener éxito. Las mismas peripecias se encargan de imprimir al mundo una especie de estado elástico, de alejar el cierre luego de aproximarlo, de jugar alegremente con las distancias cósmicas y de probar maliciosamente el poder del hombre sobre los espacios y los horarios. Y sobre este planeta, deglutido triunfalmente por el héroe verneano, suerte de Anteo burgués cuyas noches son inocentes y "reparadoras", se arrastra a menudo algún desesperado, presa del remordimiento o del esplín, vestigio de una edad romántica concluida que destaca, por contraste, la salud de los verdaderos propietarios del mundo, quienes sólo se deben preocupar por adaptarse, de la manera más perfecta posible, a situaciones cuya complejidad nada tiene que ver con la metafísica y ni siquiera con la moral sino que se vincula simplemente a algún capricho mordaz de la geografía. Indiscutiblemente, el gesto profundo de Julio Verne es, pues, la apropiación. La imagen del barco, tan importante en la mitología de Verne, no la contradice; por lo contrario: el barco bien puede ser símbolo de partida; pero más en profundidad, es la cifra de la clausura. El gusto por el navío es siempre la alegría de un encierro perfecto, de tener a mano el mayor número posible de objetos. De disponer de un espacio absolutamente finito: amar los navíos es, ante todo, amar una casa superlativa —cerrada sin remisión— y no las grandes partidas hacia viajes sin destino. El navío es un fenómeno vinculado a la vivienda, más que un medio de transporte. Por eso todos los barcos de Julio Verne son perfectos "rincones hogareños" y la enormidad de su periplo añade más felicidad a la de la clausura, a la perfección de su humanidad interior. El Nautilus es, en este sentido, la caverna adorable. El goce del encierro alcanza su paroxismo cuando desde el seno de esa interioridad sin fisura, es posible ver por un gran vidrio el vacío de las aguas exteriores y, en un mismo gesto, definir el interior como lo contrario.


Desde esta perspectiva, la mayoría de los barcos de leyenda o ficción son, como el Nautilus, tema de adorado encerramiento. Basta que el navío se presente como vivienda del hombre para que el hombre organice allí, inmediatamente, el goce de un universo perfecto y sin sobresaltos, donde la moral náutica lo hace a la vez dios, amo y propietario (único capitán a bordo, etc.). En esta mitología de la navegación, hay un solo medio para exorcizar la naturaleza posesiva del hombre sobre el navío: suprimir al hombre y dejar al navío solo; entonces el barco deja de ser encierro, vivienda, objeto poseído. Se convierte en ojo viajero, seductor de infinitos, que produce partidas sin descanso. El objeto verdaderamente contrario al Nautilus de Verne es el Barco ebrio de Rimbaud, el barco que dice "yo" y, liberado de su concavidad, puede hacer pasar al hombre de un psicoanálisis de la caverna a una verdadera poética de la exploración.

sábado, abril 02, 2011

Proyecto Nautilus / 38







y sin haberlo ni tan siquiera soñado
(o tal vez sí, el alma lo soñó cada noche
lo fabricó en sueños como borges a sus dioses)

fue el paraíso

martes, marzo 29, 2011

Proyecto Nautilus / 36


me escribe Fede:

Recién termino de cargar el bote
de primera la madera
ahora tres horas hasta casa


El sábado Javier me trajo varias latas de aceite de lino
y esta tarde Ana Biancalana me regaló unas cortinas hermosas

el paraíso sigue cerca
gracias

lunes, marzo 28, 2011

Proyecto Nautilus / 35



los navegables ríos de la amistad

Proyecto Nautilus / 34


así amanece
la bruma sobre el río
la soledad elegida
y el otoño que avanza
sobre las islas

sábado, marzo 26, 2011

Proyecto Nautilus / 33





Llueve y la isla nos abraza.
Lore llegó con su carpa y su mochila en la lancha de las 10hs y ya Rubén nos preparó la picadita, el pechito de cerdo ,Vilma unas maravillosas ensaladas y nuestros pronósticos de acampantes húmedas se convirtieron en una fiesta.

La charla, el abuelo andaluz de Rubén, entonces algo de Morente y Lorca para ponerle color al día.
Y el nuevo miembro de la familia en Las Tortugas: Fidel


Como el agua crece y el cielo sigue encapotado nos cruzamos a lo de Federico. El Ñafito, un botecito a motor que parece una cáscara de nuez, nos lleva al ras del agua hasta la otra orilla. Luego vendrán los mates, las pizzas, y a dormir temprano que nos espera el cruce del Paraná y la visita a casa de Javier.



viernes, marzo 25, 2011

Proyecto Nautilus / 32

Buen día Nautilus!

Proyecto Nautilus / 31




Ayer en la lancha de la tarde llegó un amigo de mi padre con su familia. Suponiendo el lugar abandonado llegó a instalarse allí como tantas veces y el muelle y mi presencia lo dejaron mal parado.
Apenas lo conozco pues ya vivía en Zárate cuando él venía a Nautilus con Negri. Al principio fue una situación tensa; ellos bajando en el muelle, Fede y Don Carlos desmalezando para plantar las bases de la casa y yo ahí, la Aparecida.
Los invité a quedarse pero no me dieron muchas ganas de compartir mi casa con extraños. Armé la carpa donde siempre y ellos se quedaron del lado de la casa vieja.
En una familia que siempre ha sido caótica cuesta ejercitar los límites. Lo de ayer; firmeza y hospitalidad. 

Luego me sentí mal y me costó dormir. Como siempre los vecinos extendieron su abrazo. Los inicios de largas amistades. También mis amigas me tranquilizaron por teléfono.

Dos cartas de tarot acudieron con claridad al encuentro: el Emperador y la Justicia. 

Esta es mi herencia. Mi lugar en el mundo. Vine a poner orden, límite, estructura. Vine a equilibrar la balanza.

Vine para quedarme.

jueves, marzo 24, 2011

Proyecto Nautilus / 30


es el primer día de la casa nueva
es 24 de marzo


construyo sobre la memoria
mi lugar en el mundo





Proyecto Nautilus / 29



Es de mañana.
Es la alegría de estar a las puertas de una vida nueva.
Es el olor a madera y las ondas en el río.
Mis botas nuevas de goma.
El viento suave que se cuela por la puerta
Ustedes ahí, acompañando el viaje.

martes, marzo 22, 2011

Proyecto Nautilus / 28


Recuerdo el año en que dejamos de ir a Nautilus. Época de vacas flacas, lo encontré a mi viejo apenado en el comedor de casa contando los pocos pesos que le habían dado por el motor de la lancha.
Los hombres de la casa, como buenos tuerca, preferían morirse a subir a un transporte público. En autos destartalados que había que empujar o hacer "puente" con dos cables para arrancar, sí. Pero en colectivo no.
El concepto se extendía a la Lancha Interisleña y entonces la crisis nos dejó sin la isla.
Volví alguna vez más con mis amigos adolescentes y después nos perdimos.

En los noventa, jovencísima y recién casada me instalé en Zárate.
El Paraná desde los bordes de la ciudad me llamaba río abajo. Pero allí los que navegan son pocos, y si en diez años me habré subido dos veces a una canoa es mucho. Había que esperar. Criar a los hijos, tomar mate en la orilla.

Guardé todo el río en esta canción de Alberto Muñoz


El río no se detiene
Es pasaje y devenir...para llegar a casa tomo subtes y trenes y lanchas colectivas; madrugo y cargo bidones de agua, conservas, bolsas de dormir...y vale la pena el esfuerzo porque el río también me espera.

lunes, marzo 21, 2011

Proyecto Nautilus / 27



Vamos a la isla en mínimos campamentos. Ahora que puedo dejar algunas cosas en la casa vieja me independizo un poco de la hospitalidad de los vecinos. Esta vez, madre e hijo. Hijo menor con madre en exclusividad. Suena bien.
Pablo tiene 17 y es su segundo viaje. Pero es el primero solos en mucho tiempo.
Alternamos charlas y largos momentos de silencio, tendidos al sol como lagartos en el muelle o él dentro del monte y yo en el agua.
Por la noche nos reunen la luna y el fuego. Sigue con la idea de vivir allí, de criar gallinas, imaginamos disparatados corrales aéreos sobre las casuarinas. Tiene el mismo espíritu delirante de su abuelo.
Luego lo dejo dibujando árboles animados junto a la fogata.
Es hermosa la noche del equinoccio. Estar acá, juntos. Saber, que  se puede vivir de otra manera.

domingo, marzo 20, 2011

Proyecto Nautilus / 26



Padecí el viernes la extensa jornada de trabajo encerrada en la escuela. Es como ponerse zapatillas después de haber pasado todo el verano descalza, a la libertad nos acostumbramos rápido.
Así que el sábado nos levantamos tempranísimo y salimos con Pablo para Nautilus.
El río crecido y la bruma fueron las novedades del paisaje. Empieza el otoño y la isla unifica su paleta de ocres...río, hojas, muelles...
El sol destellando en pequeños espacios sin niebla...

Nos bajamos por primera vez en nuestro muelle y ya Federico desde enfrente, brazos en alto, nos avisa que se va de pesca todo el día.
Ocho y media. La primera tarea del campamento; un buen mate y un fueguito.

La isla crece en familiaridad, sin cámara a mano vimos la luna del equinoccio reflejada en el agua y la luz dorada del amanecer.

El miércoles iremos a comprar las maderas para comenzar la casa.
El sueño no se detiene


miércoles, marzo 16, 2011

Proyecto Nautilus /25





"todo lo que no se hace carne se hace fantasma" / César Fernández Moreno

utopía familiar de conquistar el delta
casas de barro
plantaciones frutales
corrales con gallinas
pablo sueña con vivir del trueque
plantar tomates y pescar dorados

el paisaje nos da forma
(y hoy es martes las camareras rastrillan el salón en busca de propinas)

¿qué modifica en mí el deseo de ser río?


el cielo sobre el agua
la luz que cae sobre las casuarinas

domingo, marzo 13, 2011

Proyecto Nautilus / 24





Me quedo en la ciudad y la isla me busca. En el mismo momento en que llama Ricardo para contarme que está pescando con sus nietos en el muelle, Sergio envía este poema de Robert Lowell sobre la isla Nautilus.

Tiempo de escuchar el rumor del río




Robert Lowell | “Skunk Hour”

(for Elizabeth Bishop)

Nautilus Island’s hermit
heiress still lives through winter in her Spartan cottage;
her sheep still graze above the sea.
Her son’s a bishop. Her farmer is first selectman in our village;
she’s in her dotage.

Thirsting for
the hierarchic privacy
of Queen Victoria’s century
she buys up all
the eyesores facing her shore,
and lets them fall.

The season’s ill--
we’ve lost our summer millionaire,
who seemed to leap from an L. L. Bean
catalogue. His nine-knot yawl
was auctioned off to lobstermen.
A red fox stain covers Blue Hill.

And now our fairy
decorator brightens his shop for fall;
his fishnet’s filled with orange cork,
orange, his cobbler's bench and awl;
there is no money in his work,
he’d rather marry.

One dark night,
my Tudor Ford climbed the hill’s skull;
I watched for love-cars. Lights turned down,
they lay together, hull to hull,
where the graveyard shelves on the town....
My mind’s not right.

A car radio bleats,
“Love, O careless Love....” I hear
my ill-spirit sob in each blood cell,
as if my hand were at its throat...
I myself am hell;
nobody’s here--
only skunks, that search
in the moonlight for a bite to eat.

They march on their solves up Main Street:
white stripes, moonstruck eyes’ red fire
under the chalk-dry and spar spire
of the Trinitarian Church.

I stand on top
of our back steps and breathe the rich air--
a mother skunk with her column of kittens swills the garbage pail.
She jabs her wedge-head in a cup
of sour cream, drops her ostrich tail,
and will not scare.


Life studies, 1959




Robert Lowell | “La hora de la mofeta”

a Elisabeth Bishop

La heredera ermitaña de la isla Nautilus
aún sobrevive el invierno en su cabaña espartana;
sus ovejas aun pastan sobre el mar.
Su hijo es obispo. Su mandador
sigue siendo concejal en nuestra aldea,
ella vive su senectud.

Sedienta por
la privacidad jerárquica
de la era Victoriana
compra todos los adefesios
que ven hacia su costa
y los deja caer.

La temporada enferma--
hemos perdido a nuestro millonario veraniego,
que parecía haber saltado de un
catálogo. Su velero de nueve nudos
fue subastado a langosteros.
Una mancha, roja como el zorro, cubre la Colina Azul.

Y ahora nuestro remilgado
decorador alegra su tienda para el otoño,
sus medias repletas de corcho naranja,
naranja su banca de zapatero y su lezna,
no hay dinero en su trabajo,
preferiría casarse.

Una noche oscura,
mi Ford Tudor trepó la calavera de la colina,
busqué carros enamorados. Con las luces apagadas,
se arrimaban juntos, casco con casco,
en donde el cementerio engaveta al pueblo...
Mi cabeza no está bien.

Una radio da balidos,
“Amor, ay amor descuidado...” escucho
mi espíritu enfermo llorando en cada célula de sangre,
como si mi mano estuviera en su garganta,
Yo mismo soy el infierno,
no hay nadie aquí--

solo mofetas, que buscan
bajo la luz de la luna un bocado para comer.
Marchan sobre sus suelas hacia la Calle Central:
líneas blancas, ojos lunáticos, rojos como el fuego
bajo el mástil seco y puntiagudo
de la iglesia Trinitaria.

Me paro encima
de nuestros peldaños y respiro el aire puro--
una madre mofeta con su columna de cachorros se abalanza sobre la basura
mete su cabeza picuda en un envase
de crema, deja caer su cola de avestruz
y no asustara.


Estudios en directo, 1959

Proyecto Nautilus /23





tiempo de semilla
un perfume lejano
anuncia el jardín








jueves, marzo 10, 2011

12 de espadas



en la vereda 
de villa celina
me recuerda
que somos aliado y enemigo
y la batalla es adentro

miércoles, marzo 09, 2011

Proyecto Nautilus / 22

x ana adjiman en el río carapachay | enero 2011



viajera se desaprende
respira
suelta las valijas

posa la cabeza en el agua
se deja flotar río abajo

pasan las penas antiguas
anudadas a un junco

martes, marzo 08, 2011

Proyecto Nautilus / 21



Se despierta la isla. El bote de Fede en marcha lleva amigos a pescar al Bajo del Temor. Ruben prepara su lancha para ir de compras, Elda se asoma en camisón a la ventana. Enciendo el mechero y voy preparando el mate. Son las seis de la mañana.

Hay pique en el río y dos zorzales se disputan un pedazo de pan que los chicos dejaron sobre el muelle.

Paisaje de ayer. En ese paisaje la vecina del muelle nuevo sale de la carpa, se estira, prepara un mate y se pone a leer.




Ser paisaje isleño.

Para los del almacén ya soy la Señora Alta del Muelle Nuevo, casi un título nobiliario.


Pasaron Guillermina y Gerardo con la bibliolancha. Ya tengo trabajo. La isla me recibe aunque no tenga mucha idea de cómo usar un machete.

Se abren los encuentros
El mundo es todo posibilidad.

lunes, marzo 07, 2011

Proyecto Nautilus / 20




Hoy 7 de marzo viejo, cumplirías 72. Creo que por fin lo hemos celebrado a nuestro modo. Aquí estamos en Nautilus, tus nietos sobre el muelle nuevo. Pablo tiene tu humor de eso no hay duda y Juan heredó esa nobleza de corazón, ese código de honor para tantas cosas.
Guiñando un ojo al tiempo ellos te reinventan. 
Son mi sangre, la tuya y el Nautilus que se viene.



El último regalo de cumpleaños que te hice fue una biografía de Horacio Quiroga, en la tapa hay una foto preciosa en donde él camina con su machete en medio del monte. 
Recuerdo que bromeamos acerca de su flacura tan similar a la tuya. 
Luego Rosa me lo devolvió para que lo tuviera conmigo. Será el primero en desembarcar cuando tenga allí una biblioteca.

Todos te recuerdan en la isla. Ricardo y Maria Elda cortaron flores de su jardín para homenajearte. Los vecinos tienen esos gestos que conmueven hasta las lágrimas.

Tendremos un jardín muy pronto. Ese será mi regalo.

jueves, marzo 03, 2011

Proyecto Nautilus / 19


me repliego

alguien dice estoy en las sombras del patio

otro dice cruzaré el mar

y otro

ayer vi una sirena, se parecía a vos

nada de eso pone flores en mi mesa

ni mano sobre el hombro

ni sonrisa viva junto al muelle

construyo mi casa caracol

con una sola entrada

limpia, luminosa

y te espero

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