viernes, septiembre 17, 2010

uvas de noviembre


Despierta
llevas a tu padre herido en el costado
El peso de su sombra su tabaco
Vendrán con plumas nuevas
La uva morada esta es mi sangre
Mira cómo se crecen los racimos y zumban
Las abejas entre las verderías el sol es un quejido seco
El nombre de tu padre que no tiene nombre
vuelve el amarillo bajo el ala de los teros
Despierta la sombra aletargada lo que cae ciego en esa luz
una mesa donde se ha cortado el pan este es mi cuerpo
aquí no ha muerto nadie y estamos todos muertos

6 comentarios:

Verónica Cento dijo...

Querida Marisa, qué belleza de poema, y cuánto duele su lectura. Este en particular me recordó uno que alguna vez escribí, y me ayudó mucho luego de haber liberado esas palabras.

Un abrazo.

mar dijo...

gracias Vero, qué conexión! tengo tu libro en la mesa de luz

catalina boccardo dijo...

bello, marisa
bello hasta el alba de las uvas
un alba morada

Valeria Cervero dijo...

Recorriendo algunos blogs, descubrí este poema. Muy bueno, Marisa. (Debo confesar que suelo leer lo que publicás, aunque no haya dejado huella antes.) Un abrazo.

mar dijo...

pienso que si el fb es un gran living los blog siguen siendo como el cuartito del fondo a donde a veces la gente se asoma y espía, leo muchos blogs y comento muchísimos menos...
el twitter sería como el ring raje?
(uuuh cómo estoy)

gracias vale!
nos seguimos leyendo :)

Anónimo dijo...

me matò de gusto Y estas muertes me dan vida...gracias por la poesìa (maritza)

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