jueves, diciembre 11, 2008

la revolución

un espejo y el rostro velado por abalorios sobre la frente una estrella de mar la boca gruesa salada una corteza de abedul y el jardín en donde me detuve a cortar una azucena frente a la casa en ruinas


después la tormenta


nubes que tomaban el color de la ciudad una descarga eléctrica liberando el paisaje la conmoción de la lluvia por fin


algunas gotas son perlas otras semillas de açaí si me tocan el cuerpo se diluyen en un jugo almibarado unas echan raíces crecen vertiginosamente mientras las que brillan trepan las paredes de la casa


hacen de la muerte un esplendor


2 comentarios:

FERNANDO LUCIANI dijo...

Hoy más temprano te escribí en y para otro sitio, creo ...ahora llego a este tu blog.
Qué bueno lo tuyo, mujer. Voy a seguir investigando aquí porque hay de todo un poco como para entretenerse ...
De paso, y sin tu permiso, te agrego a mis links.

Máximo Ballester dijo...

Las gotas esplenden y uno respira esa aguita y se siente vivo.
Tu poema tiene abalorios y brillos.
La figura de la azucena frente a la casa en ruinas es una maravilla. Te felicito.
Un abrazo.

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