
Para ir al Club Felicaria el abuelo se lustró los zapatos.
Es extraño verlo de traje en medio de la isla.
No quiero calzarme
ni que mamá me peine porque siempre duele.
Las manos del abuelo se vuelven alas me acomoda las trenzas
apenas.
Es el baile de los pescadores y desde el Paraná Miní bajan las chalanas.
Vestidas con papeles de colores van.
Con aires de verdulera.
María Luisa saluda desde el muelle
y sólo sueño con volverme en la barca de los músicos
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