
silencio de tumba
eco de una voz sola que intentaba despertar
Por momentos el fuego era sólo una pequeñísima chispa casi invisible
(la barca de las sombras urdía otros destinos)
El hombre se amarró al árbol y pidió ayuda.
Tuvo sed y sus dedos fueron cascos que retumbaron bajo la luna.
Galopó hasta el mar.
La Madre de los Peces veló su sueño y al despertar ella, la recién nacida, le servía el alimento necesario.
Era mediodía.
El sol alto.
Y desplegó sus alas.
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