lunes, marzo 21, 2011

Proyecto Nautilus / 27



Vamos a la isla en mínimos campamentos. Ahora que puedo dejar algunas cosas en la casa vieja me independizo un poco de la hospitalidad de los vecinos. Esta vez, madre e hijo. Hijo menor con madre en exclusividad. Suena bien.
Pablo tiene 17 y es su segundo viaje. Pero es el primero solos en mucho tiempo.
Alternamos charlas y largos momentos de silencio, tendidos al sol como lagartos en el muelle o él dentro del monte y yo en el agua.
Por la noche nos reunen la luna y el fuego. Sigue con la idea de vivir allí, de criar gallinas, imaginamos disparatados corrales aéreos sobre las casuarinas. Tiene el mismo espíritu delirante de su abuelo.
Luego lo dejo dibujando árboles animados junto a la fogata.
Es hermosa la noche del equinoccio. Estar acá, juntos. Saber, que  se puede vivir de otra manera.

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en casa de olga (toay)